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La nomofobia, una dolencia de nuestro tiempo

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University of La Laguna

Prague

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El móvil es práctico pero ¿vamos a dejar que controle nuestras vidas?

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Señoras y señores.

El teléfono móvil ha cambiado drásticamente nuestras vidas, es un hecho. Y por supuesto, su utilización tiene numerosas ventajas y también numerosas desventajas. La ventaja principal es que nos permite estar conectados permanentemente con las personas que queremos o que queremos tener cerca. E incluso, desde hace algunos años, conectarnos a internet. Y la principal desventaja del teléfono móvil es que nos obliga a estar siempre conectados. En efecto, la mayor virtud del teléfono móvil es también su mayor defecto.

Hay otras desventajas derivadas de la utilización del móvil, por ejemplo, no parecen quedar muy claros los efectos que tienen para nuestra salud. Los teléfonos móviles eviten radiaciones, y algunos expertos insisten en relacionar estas radiaciones con enfermedades, como incluso, por ejemplo, el cáncer.

Otra desventaja es su fabricación, la fabricación de los teléfonos móvil a menudo se realiza con minerales como el coltán, cuya extracción a veces la realizan personas en régimen casi de esclavitud.

Lo cierto es que, hoy por hoy, no nos podemos imaginar nuestra vida sin el teléfono móvil. Aquellas personas que no lo usan, por la razón que sea, son consideradas casi unas excéntricas. Recuerdo que hace tiempo, cuando todavía no estaba generalizado el uso del teléfono móvil, se consideraba de mala educación atender una llamada, por ejemplo, en una reunión con amigos, en el cine, en una tienda. Hoy, sin embargo, es normal.

Lo cierto además es que llevar encima el teléfono móvil con nosotros nos hace sentirnos seguros. ¿Por qué? Porque podemos llamar a alguien en caso de que nos surja una emergencia o un imprevisto. El problema es que el teléfono móvil nos genera cierta dependencia, y de eso me gustaría hablarles hoy.

Esta dependencia del teléfono móvil está considerada una nueva dolencia, y ¿por qué?, porque muchas personas llegan a mantener una relación casi enfermiza con su teléfono. Es lo que se conoce como "nomofobia", un término que procede del inglés "no mobile phone phobia". Se define, la nomofobia, como una sensación de ansiedad, de malestar que, como digo, produce el no llevar el móvil encima, bien porque nos lo hemos olvidado en algún sitio, porque lo hemos perdido, se nos ha roto. Esta ausencia del teléfono móvil es percibida por el usuario como un problema grave. Por supuesto, la nomofobia no es una enfermedad en el sentido estricto, es más bien un trastorno de ansiedad leve, podríamos decir. Pero lo cierto es que muchas personas se sienten desamparadas, incluso desconectadas del mundo cuando no tienen el teléfono móvil a mano.

Los datos son alarmantes: casi el 53% de usuarios de teléfono móvil dicen sufrir ansiedad cuando se les acaba la batería, el saldo o pierden cobertura. Les genera una sensación de inestabilidad e incluso de agresividad en algunas ocasiones y un malestar general.

El perfil del nomofóbico, de la persona que sufre nomofobia, es, sobre todo, de un adolescente o de un varón joven de entre 18 y 24 años; este es el grupo de riesgo más importante. Como ven, los jóvenes son el colectivo más vulnerable, es lógico, puesto que el teléfono móvil es para ellos una herramienta fundamental con la que socializar.

Lo cierto es que la nomofobia podría convertirse, si no la atajamos, en un problema de salud pública. Así lo demuestra un estudio reciente según el cual se realizó una encuesta a 2.163 usuarios de móvil. 55 de cada 100 de estas personas encuestadas afirmaron que utilizan el móvil para mantenerse conectados siempre a sus seres queridos, y que sienten verdadera ansiedad si no pueden utilizarlo. El estudio, además, demostró también que solo en el 10% de los casos esta ansiedad tenía una causa justificada. Además, este mismo estudio indica que los usuarios de teléfono móvil consultan su teléfono una media de 50 veces al día.

De acuerdo con los expertos, la solución a esta dependencia al teléfono móvil es, bueno, aprender a controlarse, desprenderse del móvil gradualmente y, sobre todo, identificar los momentos en que no es pertinente el uso del teléfono móvil. Por ejemplo, por la noche, cuando nos vamos a dormir, hay que apagar el móvil; lo mismo durante las comidas.

Los psicólogos advierten que si sentimos que la dependencia aumenta o se agrava, debemos acudir, como digo, a un terapeuta.

En conclusión, señoras y señores, sin duda el teléfono móvil es un instrumento muy práctico, pero ¿vamos a dejar que controle nuestras vidas?

Gracias.

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