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EUROPEAN CIVIL PROTECTION AND HUMANITARIAN AID OPERATIONS
Stories from the field

La Paz en Colombia

Elena GARCÍA PRIETO in Colombia

La paz es el sonido de las risas y el salpicar del río San Juan cuando los niños indígenas se bañan en sus aguas.

Huele a sabroso sancocho cocinado entre corrillos en la olla comunitaria del barrio La Cima, en Buenaventura.

Tiene nombre de familia, de comuna, de palenque y mar.

Es la mujer valiente escribiendo su propio destino.

La paz la pinta el grupo de jóvenes La Lleva con los colores del Pacífico en las paredes de la vereda Colorado.

Es la música de la marimba, el cununo y la guasá, el movimiento de las faldas al son de un currulao.

Se imagina hacia el horizonte amaneciendo en la playa del Morro.

La paz son las ganas de aprender, la curiosidad y el talento de los jóvenes que persiguen sus sueños en horas de insomnio.

Es ver por primera vez el mar.

Sabe a jugo de borojó, camarones frescos y pescado encocado.

La paz se la canta al mundo Chocquibtown y Herencia de Timbiquí con notas a la identidad del afrocolombiano, su historia y riqueza cultural.

La sueña un poeta de 21 años de la vereda Brisas del Acueducto, en Tumaco.

Es no querer más velorios, lo dice el grupo tumaqueño PluconPla en su canción.

La paz está en la fuerza para bailar y volar a pesar de las granadas y las balaseras.

Se encuentra disfrazada de arrullo, de relatos que cuentan los mayores, el ñaño, la mamá mientras te peina.

La paz en Colombia debe ser negra, indígena, blanca, mestiza. Está detrás de cada mirada, escondida en las sonrisas y los anhelos.

Soy voluntaria de la Unión Europea, y gracias a esta experiencia cada día aprendo más de un país que quiere paz, necesita paz, está gritando al resto del mundo por la paz. Ojalá sea escuchado.

La paz es el sonido de las risas y el salpicar del río San Juan cuando los niños indígenas se bañan en sus aguas.

Huele a sabroso sancocho cocinado entre corrillos en la olla comunitaria del barrio La Cima, en Buenaventura.

Tiene nombre de familia, de comuna, de palenque y mar.

Es la mujer valiente escribiendo su propio destino.

La paz la pinta el grupo de jóvenes La Lleva con los colores del Pacífico en las paredes de la vereda Colorado.

Es la música de la marimba, el cununo y la guasá, el movimiento de las faldas al son de un currulao.

Se imagina hacia el horizonte amaneciendo en la playa del Morro.

La paz son las ganas de aprender, la curiosidad y el talento de los jóvenes que persiguen sus sueños en horas de insomnio.

Es ver por primera vez el mar.

Sabe a jugo de borojó, camarones frescos y pescado encocado.

La paz se la canta al mundo Chocquibtown y Herencia de Timbiquí con notas a la identidad del afrocolombiano, su historia y riqueza cultural.

La sueña un poeta de 21 años de la vereda Brisas del Acueducto, en Tumaco.

Es no querer más velorios, lo dice el grupo tumaqueño PluconPla en su canción.

La paz está en la fuerza para bailar y volar a pesar de las granadas y las balaseras.

Se encuentra disfrazada de arrullo, de relatos que cuentan los mayores, el ñaño, la mamá mientras te peina.

La paz en Colombia debe ser negra, indígena, blanca, mestiza. Está detrás de cada mirada, escondida en las sonrisas y los anhelos.

Soy voluntaria de la Unión Europea, y gracias a esta experiencia cada día aprendo más de un país que quiere paz, necesita paz, está gritando al resto del mundo por la paz. Ojalá sea escuchado.

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