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EUROPEAN CIVIL PROTECTION AND HUMANITARIAN AID OPERATIONS
Stories from the field

Bolivia y la migración venezolana

Edoardo Valentini in Bolivia

Más de tres millones y medio de venezolanos han dejado su país para migrar, la gran mayoría a otros países de América Latina y del Caribe. Nunca ha habido una migración tan grande en la región; es sin duda el desplazamiento humano más grande en la historia moderna de América Latina. Familias, mujeres solas y niños en condiciones de extrema vulnerabilidad ven la única posibilidad de lograr una vida digna dejando a sus seres queridos y sus hogares en otros países.

Muchas naciones de la región han mostrado su solidaridad con el pueblo venezolano manteniendo su hospitalidad y abriendo las fronteras. Sin embargo, hay muchos desafíos que los migrantes venezolanos deben enfrentar. La falta de regularización de documentos, la ausencia de sistemas de recepción en los países de acogida y la imposibilidad de acceder a los servicios de salud y educación favorecen situaciones irregulares. En estas condiciones no es raro que caigan en manos de traficantes de personas.

Además, los muchos episodios de xenofobia y discriminación que han ocurrido en Colombia, Ecuador, Perú y Brasil no han hecho más que empeorar este estado de inseguridad y temor, comprometiendo la generosidad tradicional de esta región. El impacto de la enorme cantidad de llegadas ha obligado a los gobiernos a implementar un plan de respuesta.

Bolivia, el país en el que vivo desde enero, no es un lugar de destino para la mayoría de los migrantes venezolanos, sino una nación de tránsito hacia Argentina y Chile. Esta crisis humanitaria no es reconocida por el gobierno central debido a razones políticas (ninguna de las 300 solicitudes de refugio en 2018 ha sido aceptada). No hay datos oficiales y confiables sobre el número de venezolanos en el país, pero se cree que hay 35 nuevas entradas cada día.

Los venezolanos en Bolivia son una población invisible y extremadamente vulnerable. La incapacidad de acceder a los servicios básicos y de obtener un empleo regular debido a la falta de documentación lleva a muchas personas a buscar medios informales de sustentamiento. Muchos compran y venden confitería o cocinan platos tradicionales venezolanos en las calles de El Alto y La Paz. Otros piden limosna o caen en las redes de explotación laboral y sexual.
Desde hace poco más de dos meses colaboro con la ONG Fundación Munasim Kullakita en el marco del proyecto SuD HAV. Desde el 2008, la Fundación se ha ocupado de los fenómenos de trata, tráfico y explotación sexual comercial de menores y mujeres, con el objetivo de reconstruir los derechos y la dignidad de estas personas. la Fundación ofrece atención completa a los beneficiarios involucrados, aplicando la metodología de Tratamiento Comunitario (ECO2) a través de la prevención, protección y reintegración laboral. Hasta ahora la Fundación ha trabajado con migrantes solo de manera transversal, rescatando solo a una niña venezolana de una situación de explotación sexual y estableciendo contacto con varias personas que trabajaban en prostíbulos y en situaciones de calles en las ciudades de El Alto y La Paz.
Durante estos meses de despliegue, tuve la oportunidad de colaborar en la escritura de un proyecto de emergencia financiado por parte de ACNUR en respuesta a la crisis migratoria venezolana.
El plan de intervención de la Fundación tiene como objetivo garantizar protección a las personas que ingresan en el país y facilitar el acceso a los servicios básicos, manteniendo un enfoque en las mujeres, niños, niñas y adolescentes en situaciones de alta vulnerabilidad. Si aprobado, el proyecto garantizará un tránsito seguro de 1.000 migrantes desde las áreas de entrada en Bolivia hacia las zonas fronterizas de los países vecinos. Se ofrecerá información sobre los riesgos que pueden correr los migrantes y la posibilidad de acceder a dos centros de día en las ciudades de El Alto/La Paz y Santa Cruz de la Sierra, donde se brindará educación formal, nutrición, asistencia legal y asistencia psicosocial. Además, la Fundación tomará contacto con la población meta que vive en situación calle estableciendo carpas de escucha activa y ofreciendo asistencia médica de primeros auxilios a través de una unidad móvil.

Gracias a la Fundación he tenido la oportunidad de poner en práctica el trabajo que siempre he querido hacer, alternando las actividades de diseño de proyecto con el trabajo de campo en contacto directo con los beneficiarios. La posibilidad de participar activamente en todas las actividades desarrolladas en los programas de la Fundación me permite de profundizar aspectos nuevos de la cooperación internacional, motivándome mucho y haciendo que el trabajo en la Fundación sea muy dinámico.

Más de tres millones y medio de venezolanos han dejado su país para migrar, la gran mayoría a otros países de América Latina y del Caribe. Nunca ha habido una migración tan grande en la región; es sin duda el desplazamiento humano más grande en la historia moderna de América Latina. Familias, mujeres solas y niños en condiciones de extrema vulnerabilidad ven la única posibilidad de lograr una vida digna dejando a sus seres queridos y sus hogares en otros países.

Muchas naciones de la región han mostrado su solidaridad con el pueblo venezolano manteniendo su hospitalidad y abriendo las fronteras. Sin embargo, hay muchos desafíos que los migrantes venezolanos deben enfrentar. La falta de regularización de documentos, la ausencia de sistemas de recepción en los países de acogida y la imposibilidad de acceder a los servicios de salud y educación favorecen situaciones irregulares. En estas condiciones no es raro que caigan en manos de traficantes de personas.

Además, los muchos episodios de xenofobia y discriminación que han ocurrido en Colombia, Ecuador, Perú y Brasil no han hecho más que empeorar este estado de inseguridad y temor, comprometiendo la generosidad tradicional de esta región. El impacto de la enorme cantidad de llegadas ha obligado a los gobiernos a implementar un plan de respuesta.

Bolivia, el país en el que vivo desde enero, no es un lugar de destino para la mayoría de los migrantes venezolanos, sino una nación de tránsito hacia Argentina y Chile. Esta crisis humanitaria no es reconocida por el gobierno central debido a razones políticas (ninguna de las 300 solicitudes de refugio en 2018 ha sido aceptada). No hay datos oficiales y confiables sobre el número de venezolanos en el país, pero se cree que hay 35 nuevas entradas cada día.

Los venezolanos en Bolivia son una población invisible y extremadamente vulnerable. La incapacidad de acceder a los servicios básicos y de obtener un empleo regular debido a la falta de documentación lleva a muchas personas a buscar medios informales de sustentamiento. Muchos compran y venden confitería o cocinan platos tradicionales venezolanos en las calles de El Alto y La Paz. Otros piden limosna o caen en las redes de explotación laboral y sexual.
Desde hace poco más de dos meses colaboro con la ONG Fundación Munasim Kullakita en el marco del proyecto SuD HAV. Desde el 2008, la Fundación se ha ocupado de los fenómenos de trata, tráfico y explotación sexual comercial de menores y mujeres, con el objetivo de reconstruir los derechos y la dignidad de estas personas. la Fundación ofrece atención completa a los beneficiarios involucrados, aplicando la metodología de Tratamiento Comunitario (ECO2) a través de la prevención, protección y reintegración laboral. Hasta ahora la Fundación ha trabajado con migrantes solo de manera transversal, rescatando solo a una niña venezolana de una situación de explotación sexual y estableciendo contacto con varias personas que trabajaban en prostíbulos y en situaciones de calles en las ciudades de El Alto y La Paz.
Durante estos meses de despliegue, tuve la oportunidad de colaborar en la escritura de un proyecto de emergencia financiado por parte de ACNUR en respuesta a la crisis migratoria venezolana.
El plan de intervención de la Fundación tiene como objetivo garantizar protección a las personas que ingresan en el país y facilitar el acceso a los servicios básicos, manteniendo un enfoque en las mujeres, niños, niñas y adolescentes en situaciones de alta vulnerabilidad. Si aprobado, el proyecto garantizará un tránsito seguro de 1.000 migrantes desde las áreas de entrada en Bolivia hacia las zonas fronterizas de los países vecinos. Se ofrecerá información sobre los riesgos que pueden correr los migrantes y la posibilidad de acceder a dos centros de día en las ciudades de El Alto/La Paz y Santa Cruz de la Sierra, donde se brindará educación formal, nutrición, asistencia legal y asistencia psicosocial. Además, la Fundación tomará contacto con la población meta que vive en situación calle estableciendo carpas de escucha activa y ofreciendo asistencia médica de primeros auxilios a través de una unidad móvil.

Gracias a la Fundación he tenido la oportunidad de poner en práctica el trabajo que siempre he querido hacer, alternando las actividades de diseño de proyecto con el trabajo de campo en contacto directo con los beneficiarios. La posibilidad de participar activamente en todas las actividades desarrolladas en los programas de la Fundación me permite de profundizar aspectos nuevos de la cooperación internacional, motivándome mucho y haciendo que el trabajo en la Fundación sea muy dinámico.
  

 

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